Superman (2025) — Un Amanecer Fallido, Un Crepúsculo de Ideas

 


Sentado en la penumbra del cine, uno no puede evitar sentir el peso monumental que descansa sobre los hombros de Superman. No es solo una película; es el pistoletazo de salida, la primera piedra de un universo cinematográfico (el DCU) que nace de las cenizas de su predecesor con la promesa de un futuro más brillante. James Gunn, el arquitecto de este nuevo amanecer, se enfrenta a la tarea titánica de recordarnos por qué amamos a estos héroes. El resultado es una obra que, en su desesperado intento por ser divertida y accesible, sacrifica la profundidad, la ambición y la grandeza cinematográfica, entregando un espectáculo tan vibrante como hueco, tan colorido como superficial.

La película se vende como un rechazo frontal al tono sombrío que, según algunos, ha plagado al personaje. Gunn nos entrega un Superman descaradamente optimista, un "Gran Boy Scout Azul" que es, ante todo, bueno. David Corenswet se enfunda el traje con una sinceridad innegable, pero el guion le ofrece un personaje de una simpleza alarmante. No es un dios torturado, cierto, pero tampoco es un personaje con un conflicto interno genuino. Es un ideal andante, una caricatura de la bondad que resulta admirable pero nunca verdaderamente convincente. Se echa en falta la audacia de la visión de Zack Snyder, quien, a pesar de las críticas, se atrevió a tratar a Superman como una figura mitológica moderna, un ser de poder incalculable lidiando con su lugar en un mundo que le teme y le adora a partes iguales. Aquella era una propuesta arriesgada y adulta; esto, en comparación, se siente como una regresión a una ingenuidad forzada y casi infantil.

A su lado, el Lex Luthor de Nicholas Hoult es una oportunidad desperdiciada. Se nos presenta como un magnate tecnológico con la arrogancia de un Elon Musk de caricatura, pero su odio hacia Superman carece de la fría y calculada profundidad que define al personaje. Su maldad es un berrinche, un ataque de celos intelectuales que se manifiesta en gritos y planes que nos plantean “enrevesados”, pero nunca en una amenaza psicológica real. El guion nos dice que es un genio, pero lo que vemos es a un hombre obsesivo cuya brillantez se da por sentada en lugar de demostrarse.

Es en la estructura donde la película colapsa por completo. En su afán por construir un universo "vivido" desde el primer minuto, se siente irremediablemente sobrecargada y caótica. Gunn nos arroja de cabeza a una historia que parece la segunda o tercera entrega de una saga que nunca existió, un desfile de cameos y personajes secundarios que saturan la narrativa. Héroes como Green Lantern o Hawkgirl aparecen y desaparecen sin apenas desarrollo, convirtiendo la trama en un ejercicio de fan service que resta tiempo y foco a la historia que supuestamente importa.

Este ritmo frenético, sin dinamismo ni aportar nada a la narrativa, es el mayor enemigo de la película. Salta de una secuencia a otra con una energía que confunde movimiento con progreso, impidiendo que ningún momento emocional respire. La relación entre Clark y Lois Lane, a pesar de la buena química de los actores, se siente apresurada y subdesarrollada, y el resto del equipo del Daily Planet queda reducido a meros vehículos de exposición con diálogos supuestamente ingeniosos pero vacíos. El humor, marca de la casa del director, es a menudo vergonzoso y disruptivo, socavando la gravedad de las situaciones y recordándonos constantemente que estamos viendo una película de "James Gunn" en lugar de una película de "Superman".

Técnicamente, la película es una decepción. La paleta de colores, aunque vibrante, a menudo cae en una estética genérica, con una corrección de color que recuerda a los blockbusters de hace quince años y que se siente más propia de un telefilme que de una superproducción. Aquí es donde más se extraña la grandiosidad visual de un Zack Snyder. Se podrá criticar su narrativa, pero nadie puede negar su maestría para la composición casi pictórica, para crear imágenes icónicas que dotaban al personaje de un peso legendario. Las secuencias de vuelo en Man of Steel tenían una fisicidad y una fuerza arrolladoras; aquí, el CGI a menudo resulta caricaturesco y poco convincente, restando impacto a la acción.

Al encenderse las luces de la sala, la sensación no es agridulce, es de profunda decepción. Superman no es una victoria con asteriscos; es un fracaso en su concepción. En su intento de corregir el rumbo, ha optado por la ruta más segura y menos interesante, sacrificando la ambición artística y la complejidad temática en el altar de un entretenimiento ligero y olvidable. Es un comienzo enérgico, sí, pero también es un comienzo hueco para un DCU que, si este es su estándar, nace con miedo a la grandeza. No es un amanecer radiante, sino la confirmación de un crepúsculo de ideas.


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